Colaboraciones 2008 (The Bootleg Series Vol. 17)
Operación ‘truño’ IComo cada semana, desde la tribuna, que graciosamente me ha cedido mi compañero, voy a hacer lo que mejor se me da. Esto no es otra cosa que despotricar, criticar y destruir lo que, desde mi punto de vista, es ofensivo y carece de fondo, interés, inteligencia o razón de ser. Es decir, aquí soy juez, verdugo y hago lo que me da la gana, cuando quiero y como quiero. Os diréis que menudos aires me doy, que se me ha subido a la cabeza el escribir unos mediocres artículos, que he perdido el norte; pues no, lo único que quiero hacer es justificar la longitud desmesurada de este artículo en base a que el tema lo merece y a la libertad de acción que poseo. El caso es que dada la autonomía que tengo no debería ni justificarme, pero en fin, esto es lo que hay y este escrito será publicado en dos tandas.
Que el tema de Operación Triunfo necesite una extensión especial no se debe a la profundidad o dificultad de su tratamiento, sino a la gran cantidad de elementos negativos que componen este programa; además de la evidente falta de talento artístico de los mediocres cantantes que pululan por este hediondo programa. No sé cómo han sido capaces de perpetrar tamaño atentado contra el telespectador y contra el sentido del espectáculo en general, no sé como el mundo de la música no se ha levantado en rebelión contra esta abominable producción. El caso es que el formato tiene éxito y funciona desde hace años, igual debería preguntarme si soy yo el bicho raro.
Empecemos por el principio, por quién perpetró este asunto. Pues nada menos que La Trinca, grupo musical catalán de cuyo ocaso mi generación fue testigo. Según cuentan, realizaban una crítica mordaz e inteligente a la situación política española, pudiendo burlar con su habilidad la censura franquista. Yo, realmente no fui testigo de esta supuesta época dorada, y los recuerdo como representantes de un humor grueso e infantil. El caso es que estos tipos, después de veinte años de carrera durante los que publicaron nada más y nada menos que treinta y ocho discos, se pasaron al otro lado; al reverse tenebroso, pasaron de hacer mierdas a producirlas y llenarse los bolsillos. En el año 1987 crean la productora Gestmusic, con la que cosechan éxitos a todos los niveles, incluyendo el celebérrimo Crónicas marcianas. Otro de sus éxitos más rotundos lo supuso Operación Triunfo, con esto terminaron de llenar sus arcas apelando al sentimentalismo fácil y a la falta de estilo evidente; no hay más que recordar la primera edición de este programa y su millonaria venta de discos. Yo os maldigo, integrantes de La Trinca.
Asunto a destacar es el de los presentadores. Del primero no recuerdo ni el nombre, sólo sé que era el típico guaperas con un ascenso meteórico. Sé que se llamaba no sé qué Lozano y que el único problema que tuvo fue que tardó menos en bajar que en subir al estrellato, supongo que ahora será yonqui o alcohólico, aunque con probabilidad ambas cosas a la vez. Ahora, creo que desde el año pasado, es el incombustible Jesús Vázquez el que lleva las riendas del programa. Preguntar por quién presenta en Telecinco es una tontería, ya sabemos que o será el citado maromo o el pobre Mario Picazo, ya que ambos mantienen una relación de vasallaje con la cadena privada. A pesar de su evidente explotación, parece que el señor Vázquez se encuentra en su salsa con los triunfitos, además tiene la oportunidad de cambiar constantemente de imagen; cosa que debe encantarle ya que nunca le veréis repetir estilo o aspecto. Es como una reinona con una cadencia terrible hacia el carnaval; lo mismo va de machote sin afeitar, que de adolescente, que de super-gay. En fin, éste no es de los que más me enervan, hay cosas peores en el maldito OT.
Tema aparte es el jurado, elemento en el que este año más se han centrado. Después de años de constante declive, durante los que la trayectoria de los concursantes era obviada cada vez más, ha surgido la figura definitiva para salvar un producto que cada vez olía más a rancio. Tuvo que llegar el odiado y amado Risto Mejide para salvar la vajilla. Este personaje, que levanta pasiones encontradas, es el verdadero agitador de las últimas ediciones de OT, si no hubiese sido por su descubrimiento haría tiempo que el programa hubiese descendido a las catacumbas de la televisión. ¿Fue descubrimiento o realmente fue una estrategia controlada? No olvidemos que Risto, antes de participar en este programa, era un avispado publicista que ya había trabajado en grandes campañas de marketing. Es decir, este no es más que un producto creado ad hoc para levantar la agotada audiencia. El caso es que la estrategia ha funcionado, el programa vuelve a carburar gracias a las constantes humillaciones a las que son sometidos los participantes. Realmente no me dan ninguna pena, en la mayor parte de los casos se trata de analfabetos sin ningún tipo de formación artística o cultural y, alguien, ya que en sus casas nadie les dice que no valen para el arte, tiene que darles la noticia de que son unos mediocres sin futuro ni talento. Esta misión recae en el personaje del que hablamos, ingrata para algunos, aunque parece que este tío disfruta del papel de malo que le ha tocado representar. No puedo evitar que despierte en mi cierta simpatía, aunque sea únicamente por el maltrato al que somete a la caterva de idiotas que pululan por OT.
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